Son hombres contra hombres, estúpido!

– Pero, ¿hasta dónde llega? ¿A quién le podemos disparar? A este paso me muero antes de poder matar al que me está matando a mí de hambre.

– No sé. Quizá no hay nadie a quien disparar. A lo mejor no se trata en absoluto de hombres. Como usted ha dicho, puede que la propiedad tenga la culpa. Sea como sea, yo le he explicado cuáles son mis órdenes.

– Tengo que reflexionar -respondió el arrendatario-. Todos tenemos que reflexionar. Tiene que haber un modo de poner fin a esto. No es como una tormenta o un terremoto. Esto es algo malo hecho por los hombres y te juro que es algo que podemos cambiar.

«Las uvas de la ira», John Steinbeck, 1939

En el mundo en el que vivimos, la economía es la única variable de una ecuación donde se omite a las personas. El capital financiero sustituye al capital humano, lo invisibiliza, para deshumanizar la actividad económica y negar la dignidad de las víctimas, daño colateral de la obligatoria rentabilidad. Así se logra además enmascarar a los verdugos bajo una negra capucha, otorgada por sus amos sin nombre, cara ni ojos. Sucedía en los años 30, y sucede ahora.

En España, la deuda se ha sacralizado como el tótem de una nueva religión. «Los mercados» son el nuevo dios: cruel, impasible, sin compasión. La reformada Constitución prioriza en su artículo 135 el pago de los intereses y principal de la deuda por delante de la sanidad, educación o bienestar social:

Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta.

En España, no hay responsables, no hay culpables. Tal vez, «puede que la propiedad tenga la culpa». Banqueros, políticos, empresarios… Se generaliza la culpa, se diluye en el colectivo, y nadie paga. Pagamos todos.

Sin embargo, «los mercados» no son un dios invisible e inalcanzable, sino personas, hombre y mujeres, igual que nosotros. En ocasiones, la sociedad civil, anestesiada, fiel a la religión de la deuda, rendida a sus encantos y facilidades durante décadas, se rebela y organiza para marginar a los esbirros sin capucha.

Los bancos son intocables pero los banqueros son personas a las que pedir responsabilidades. Vamos a por los banqueros. Porque los responsables tienen nombres y apellidos y deben pagar por sus actos.

15MpaRato, 2012

Sólo son hombres contra hombres. Cada cual debe elegir su bando.

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