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¿Por qué educación y sanidad públicas?

Existe una corriente de opinión ligada al neoliberalismo, personalizado en España en algunos dirigentes del PP como Esperanza Aguirre, que repite el mantra de “lo privado es más eficiente” como motivo fundamental para privatizar total o parcialmente los servicios de educación y sanidad públicos en España, es decir, gestionados por el Estado. Sin embargo, ese mantra no es respaldado por sus defensores con evidencias y/o argumentos, se reduce a una cuestión de fe.

Asumiendo la lógica (perversa) de que las personas somos clientes de los servicios públicos, identifico una variable fundamental a la hora de argumentar que lo público debe ser más asequible: El poder de negociación de los agentes implicados.

La retribución de los profesionales en educación y sanidad es negociado por el Estado (C.C.A.A. en realidad) como intermediario de todas las personas usuarias, nosotras. El Estado, agente comprador o cliente, cuenta con mayor poder de negociación del que tendríamos los ciudadanos por separado, y por tanto necesariamente debe obtener mejores precios.

Así, la retribución de los profesionales en la educación y sanidad españolas, supera el salario medio en multiplicadores razonables (1,5x-3x), suficientes para otorgar una posición social acomodada.

“Manifestación marea verde” by EVaquer

¿Y por qué nos interesa, como sociedad, asegurar un acceso asequible a educación y sanidad?

La educación y la sanidad -capacitación, salud- son los servicios primordiales para garantizar la igualdad de oportunidades, es decir, la posibilidad de que cualquier persona pueda prosperar socialmente, independientemente de su contexto inicial.

Como sociedad, simplificada (de nuevo, de forma perversa) a un grupo de personas asociadas para producir y consumir bienes y servicios, cuanto mayor sea el nivel de capacitación y salud de cada persona asociada, mayor prosperidad total, y menor cantidad de esfuerzo requerida individual. O dicho de otro modo, es más fácil y menos costoso prosperar cuanto más capaces son las personas con las que te asocias.

Como sociedad, nos irá mejor con educación y sanidad públicas:

  • Mayor capacidad de negociación implica reducción del coste y, por tanto, reducción de la barrera de la entrada.
  • A mayor número de personas beneficiarias, mayor capacidad agregada para producir y menor esfuerzo individual.
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Porqué no se forman coaliciones de izquierda para las Europeas

Si bien aún faltan algunas semanas para conocer las coaliciones de partidos políticos a las Elecciones Europeas, me gustaría compartir 3 motivos que dificultan y en ocasiones imposibilitan estas coaliciones, en particular entre los partidos de izquierda, con Equo como referencia:

  1. Europa como excusa, no como objetivo.
    En Europa, algunos partidos hacen propuestas en clave europea y otros, sin embargo, en clave nacional, con vistas a futuras elecciones autonómicas o estatales.
    Equo forma parte del Partido Verde Europeo, el único que ha elegido sus 2 cabezas de lista (1 hombre, 1 mujer) a través de primarias abiertas en toda Europa, evento histórico e inédito.
  2. Similares intereses en España, diferentes grupos políticos en Europa.
    Por ejemplo, si IU y Equo acudiesen en coalición a las europas, sus parlamentarios electos se integrarían en diferentes grupos políticos en el Parlamento Europeo.
    Equo, perteneciente al Partido Verde Europeo, se integra con Los Verdes (The Greens); e IU en el grupo parlamentario “Izquierda Unida Europea-Izquierda Verde Nórdica (GUE-NGL)”.
  3. Nueva política versus vieja política.
    La radicalidad democrática y la transparencia, demandadas por la sociedad para recuperar la confianza en los políticos, se enfrentan a la inercia y al resistencia a la democracia interna de los partidos y líderes provenientes de la vieja política.
    La aparición de “Podemos”,  según algunos un movimiento llamado a integrarse en IU en el futuro, podría explicarse por la carencia de democracia interna de IU, o “ley de hierro de la oligarquía”, tal y como la definía recientemente Alberto Garzón.

Equo, el único partido ecologista de ámbito estatal, se encuentra en medio de diversas negociaciones para intentar formar coaliciones que mejoren sus posibilidades de obtener representación en el Parlamento Europeo.

En ellas, se enfrenta al enorme reto de compatibilizar los valores de radicalidad democrática de sus bases, con los intereses y formas de ser de otras fuerzas políticas, a veces muy alejadas a pesar de las coincidencias de programa.

Tal y como yo lo veo, a los afiliados y simpatizantes de Equo nos interesa, por encima de todo, el respeto a los valores de radicalidad democrática, aunque ello suponga poner en riesgo la consecución de 1-2-n parlamentarios en Europa. El cómo, en ocasiones, es un fin en sí mismo.

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¿Por qué Equo?

Soy afiliado de Equo desde 2011. Tras más de 2 años participando en este partido político, me gustaría registrar para mí mismo, y para otros a los que pudiera resultarles de interés, los motivos por los que sigo y seguiré comprometido con Equo.

Equo es el único partido verde (o ecologista) de ámbito estatal, el referente en España del Partido Verde Europeo.  Desde que tengo uso de razón, el ecologismo ha sido quizás lo único inalterable de lo que podríamos llamar ideología personal, a menudo difícil de definir para personas pragmáticas y adaptables al medio como un servidor.

Blanco y en botella, cuando por fin aparece una opción política alineada al 99% con lo que uno tiene en la cabeza, participar en ella, financiarla y votarla es una decisión sencilla.

Y podría finalizar así, pero me gustaría añadir algo más de detalle, para poder leerlo cuando mi memoria falle. En concreto, 3 motivos fundamentales relacionados con:

Quién: Juantxo Uralde

No hay organización sin liderazgo y, para los seres humanos -seres sociales-, esto implica pensar en una persona con cara y ojos, un referente.

El liderazgo en Equo es compartido y paritario, pero para mí, su imagen sigue ligada de forma indivisible a uno de sus actuales co-portavoces y fundador: Juantxo Uralde.

Activista ecologista desde los 80, sin pasado político, fue retenido 19 días en una cárcel danesa por “colarse” en la cena de gala de la Conferencia sobre el Cambio Climático, y exponer una pancarta que rezaba: “Los políticos hablan, los líderes actúan”.

No tener miedo a actuar, poniendo en riesgo su libertad, por defender ideales compartidos, es para mí un claro ejemplo de liderazgo y compromiso social, suficiente por sí mismo para dotar a un grupo de personas de la ética y cultura de organización adecuada.

Qué: Ecología Política

A día de hoy, gran parte de la población es consciente de que el modelo actual de desarrollo, basado en el crecimiento exponencial (consumo infinito de recursos finitos), no es sostenible: ni económica, ni social, ni medioambientalmente.

Sabemos que no podemos seguir viviendo con el modelo de consumo capitalista de crecimiento exponencial. No es físicamente posible. Nos guste o no, habrá que cambiar y adaptarse a algo diferente, y mejor empezar cuanto antes.

En mi opinión, parte de la solución al obligado cambio de modelo pasa por la ecología política. Nadie tiene la respuesta mágica a cómo deberíamos evolucionar desde el modelo actual. Sin embargo, parece de sentido común tomar como punto de partida el respeto por los límites de crecimiento del planeta, ligado también a la sostenibilidad económica y social.

Cómo: Democracia participativa, independencia y apertura

Y sobre todo, el cómo. Aunque los pragmáticos somos más de fondo y menos de formas, en estos tiempos de desafección social hacia los políticos, el cómo, las formas, son primordiales.

La política, o gestión de lo común, es necesaria. Los políticos son personas. Y las personas se relacionan entre ellas en base a la confianza. Debemos reconstruir esa confianza, apostando por representantes cuya prioridad sea el bien común antes que el propio.

Hay muchas ideas sobre cómo recuperar la confianza sociedad-políticos, pero las ideas no tienen ningún valor hasta que alguien las pone en marcha. El diablo están en los detalles. Y aquí es donde Equo destaca, con hechos constatables en pro de un cambio del cómo:

  • Democracia participativa, democracia directa.
    A través de la iniciativa Congreso Transparente, por la cual todos hemos tenido la oportunidad de votar en el Congreso de los Diputados.
    Adiós a las votaciones cada 4 años, adiós a los cheques en blanco. Hola a la corresponsabilidad y a la participación, hola a la capacidad de decisión.
  • Independencia.
    La financiación, de donde viene, importa. Si un banco decide prestarle dinero a un partido, o aún más, le condona una deuda, cuenta. Si una multinacional financia a un partido, de forma legal o ilegal, cuenta.
    Lo hemos sufrido: Los partidos políticos financiados por bancos y multinacionales, gobiernan en primer lugar para sus financiadores y después para los ciudadanos.
    Equo no acepta donaciones de empresas ni solicita créditos bancarios y, por tanto, mantiene intacta su independencia.
  • Apertura y democracia interna.
    Internamente, Equo cuenta con la eQuomunidad, o red social para simpatizantes y afiliados, donde por ej. se elabora de forma colaborativa el programa político.
    De cara a la sociedad, las primarias abiertas permiten elegir los candidatos y candidatas a las elecciones, permiten “diseñar el menú”, en contraposición a “comer el plato del día”.

Por todo ello, participo y soy afiliado de Equo. Votar cada cuatro años no es suficiente. O haces política, o te la hacen.

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La muerte anunciada de un Presidente

El Mundo y El País se han aliado para desestabilizar al Partido Popular, al Gobierno y a su Presidente, el de ambos. O eso pensarán los más fieles a Rajoy al ver la letra de Bárcenas y sus anotaciones contables en papel de periódico.

Una buena parte del resto de los españoles somos partidarios de otra idea, la de que en esta historia hay al menos una buena parte de verdad, y el comportamiento del Presidente Rajoy no hace sino acrecentar esas horribles sospechas.

Si a un presidente le relacionan con el cobro de sueldos en B, lo primero que debe hacer es dar la cara, presentarse ante la opinión pública y dar explicaciones.

Si a escena sale la secretaría general del partido (en un intento imposible de separar partido y Gobierno), para negarlo todo, mientras otro miembro del partido -Pío García Escudero- valida al mismo tiempo parte de la historia, empezamos mal.

Si además la secretaría general niega el turno de pregunta al periodista del medio que ha dado la noticia -El País-, en lugar de invitarle a preguntar, seguimos peor.

Y si las 3 soluciones propuestas por la secretaría Cospedal son: auditoría externa (ya en su código de buenas prácticas), declaraciones juradas (ya en su código de buenas prácticas) y “matar al mensajero”, acabamos mucho peor de lo que empezamos.

Si yo me llamara Mariano, me apellidara Rajoy Brey y luciera barba y gafas, hubiera reaccionado de forma bien diferente:

1) En primera persona, como presidente del PP y Presidente del Ejecutivo, me presentaría a la rueda de prensa para negar haber cobrado en sobres o en B.

2) Entregaría en el mismo instante copias de mis declaraciones de la renta desde el año 1990.

3) Entregaría en el mismo momento las cuentas del partido, para escrutinio público y auditoría por parte de la Agencia Tributaria.

4) E invitaría a El País y El Mundo a revisar toda aquella documentación interna que requiriesen, para permitirles así encontrar la verdad corregir la información ya publicada.

Si por contra, como presidente del partido y Presidente del Gobierno acusado de podredumbre y corrupción, Rajoy evita dar explicaciones públicas, pero convoca una reunión extraordinaria de la Ejecutiva del partido 48h después, alguien podría pensar que el objeto de tal reunión es acordar la estrategia para minimizar los daños. Como quien se reúne con sus cómplices para poner en común la historia a contar al juez.

Con este nueva maniobra de evasión, Mariano ha perdido toda credibilidad ante los militantes de su partido y ante la ciudadanía en general. Está políticamente muerto, igual que lo está Rubalcaba, o cualquier otro actor protagonista, cómplice y/o testigo de la historia de la corrupción política española.

Nuestros gobernantes han consentido y/o amparado  durante años a los Correa, Bárcenas y demás calaña de saqueados de la cosa pública, y por ello están socialmente condenados y políticamente muertos.

Con todo, el Presidente no dimitará. Callar y hacer nada le ha funcionado demasiado bien en el pasado. Sin embargo, Rajoy afronta ahora la crónica de una muerte anunciada, cuyo siguiente capítulo contemplaremos el sábado 2 de febrero tras la ejecutiva de su partido de corruptos, con una comparecencia (con o ¿sin? preguntas).

Es el inicio del fin de la transición política española, capítulo N mil ciento y pico, pero esta es la última temporada. Adiós, Mariano, y adiós bipartidismo corrupto, adiós.

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El inicio del fin de la transición política española

Un nuevo escándalo ha sacudido de forma especial la vida política española en los últimos días, ahondando de forma tal vez definitiva en el desapego de la sociedad española hacia sus políticos.

El partido político en el Gobierno, el Partido Popular, ha sido acusado de haber pagado a una parte de su ejecutiva, a su dirección general, con sobres de dinero negro, dinero procedente de “mordidas” y donaciones anóminas, acumulando su gerente y tesorero durante más 20 de años -Luis Bárcenas-, al menos 22 millones de euros en Suíza.

Las declaraciones de los responsables del PP no niegan de forma tajante el pago de sobresueldos en negro durante 25 años, se limitan a afirmar desconocimiento y a comprometer medidas de revisión de la gestión. Sea o no cierto el escándalo, ya nadie se cree sus declaraciones, los políticos españoles actuales han perdido toda credibilidad.

En mi opinión, este nuevo caso de corrupción generalizada supondrá el punto de inflexión definitivo hacia un cambio profundo en el mapa político y la democracia española.

Tras 30 años con dirigentes y partidos políticos provenientes de aquella transición de la dictadura a la democracia, la confianza de la sociedad en los políticos de los 70 y 80 se ha desvanecido. Los partidos tradicionalmente mayoritarios se enfrentan a una incipiente pérdida de relevancia:

El PSOE, por su traición a la izquierda y a su militancia, incapaz de renovar a sus líderes a pesar de los continuos descalabros electorales, en continuo decrecimiento por su incapacidad para dar respuesta a la corriente neoliberal imperante en Europa.

El PP, gracias a su incontestable victoria en las Elecciones Generables, había podido evitar las discrepancias y peleas internas, pero se ve ahogado ahora por la corrupción estructural de su organización, la cual resultará en una purga parcial de su ejecutiva. Y por otro lado, el nuevo escándalo apuntala la legitimidad de la contestanción social, producida ante la destrucción del estado de bienestar para favorecer intereses privados.

El bipartidismo PPSOE no se desvanecerá electoralmente, pero se enfrenta a su ocaso. Como organizaciones inmovilistas, dispuestas a desangrarse hasta la muerte antes de admitir el error, los partidos tradicionalmente mayoritarios continuarán perdiendo la confianza de la sociedad, y sufrirán las correspondientes consecuencias electorales. Y tras la debacle no de uno sino de ambos partidos, cambiarán los líderes. Y entonces se pondrá el fin real a la nunca completada transición política española.

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Son hombres contra hombres, estúpido!

– Pero, ¿hasta dónde llega? ¿A quién le podemos disparar? A este paso me muero antes de poder matar al que me está matando a mí de hambre.

– No sé. Quizá no hay nadie a quien disparar. A lo mejor no se trata en absoluto de hombres. Como usted ha dicho, puede que la propiedad tenga la culpa. Sea como sea, yo le he explicado cuáles son mis órdenes.

– Tengo que reflexionar -respondió el arrendatario-. Todos tenemos que reflexionar. Tiene que haber un modo de poner fin a esto. No es como una tormenta o un terremoto. Esto es algo malo hecho por los hombres y te juro que es algo que podemos cambiar.

“Las uvas de la ira”, John Steinbeck, 1939

En el mundo en el que vivimos, la economía es la única variable de una ecuación donde se omite a las personas. El capital financiero sustituye al capital humano, lo invisibiliza, para deshumanizar la actividad económica y negar la dignidad de las víctimas, daño colateral de la obligatoria rentabilidad. Así se logra además enmascarar a los verdugos bajo una negra capucha, otorgada por sus amos sin nombre, cara ni ojos. Sucedía en los años 30, y sucede ahora.

En España, la deuda se ha sacralizado como el tótem de una nueva religión. “Los mercados” son el nuevo dios: cruel, impasible, sin compasión. La reformada Constitución prioriza en su artículo 135 el pago de los intereses y principal de la deuda por delante de la sanidad, educación o bienestar social:

Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta.

En España, no hay responsables, no hay culpables. Tal vez, “puede que la propiedad tenga la culpa”. Banqueros, políticos, empresarios… Se generaliza la culpa, se diluye en el colectivo, y nadie paga. Pagamos todos.

Sin embargo, “los mercados” no son un dios invisible e inalcanzable, sino personas, hombre y mujeres, igual que nosotros. En ocasiones, la sociedad civil, anestesiada, fiel a la religión de la deuda, rendida a sus encantos y facilidades durante décadas, se rebela y organiza para marginar a los esbirros sin capucha.

Los bancos son intocables pero los banqueros son personas a las que pedir responsabilidades. Vamos a por los banqueros. Porque los responsables tienen nombres y apellidos y deben pagar por sus actos.

15MpaRato, 2012

Sólo son hombres contra hombres. Cada cual debe elegir su bando.

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Las promesas rotas en política: sin culpa ni castigo

Tras la publicación en el BOE de la tan ansiada reforma laboral, cualquier usuario de Internet habrá podido tirar de hemeroteca digital para comprobar la falta absoluta de valor del programa y las promesas pre-electorales del partido en el Gobierno.

La subida de impuestos y el abaratamiento del coste del despido no aparecían en el programa electoral del PP, y fueron medidas descartadas durante meses en numerosas declaraciones públicas por cargos destacados del Gobierno.

Se demuestra así que el programa electoral es una herramienta inservible, cientos de páginas de circunloquios y vacuidades. Y las palabras de las declaraciones pre-electorales se las lleva el viento. No hay promesas ni compromisos, sólo palabras de nulo valor.

Con respecto a la subida de impuestos, el Gobierno utilizó la manida excusa de haberse encontrado con la sorpresa de un déficit mucho mayor del previsto (8,3% en lugar de 6%); como si el déficit fuera algo que uno se encuentra como se encuentra un grano, cana o arruga una mañana cualquiera ante el espejo.

Daba igual que el citado desvío fuera en su mayor parte debido a las autonomías (75% del mismo), y daba igual que unas muchas hubieran estado gobernadas por el PP durante años y otras pocas durante “sólo” 6 meses. La evidencia demuestra que los presidentes de las CCAA se relacionan con su gobierno central como el Gobierno con los ciudadanos y votantes: sin culpa ni castigo.

Si nos referimos al abaratamiento del despido, simplemente no hay excusas con las que culpar al anterior Ejecutivo, sino excusas sin más. Y aquí no pasa nada. Aún con culpa (por supuesto, ni reconocida ni entonada), tampoco hay castigo.

En un País tan acostumbrado al olvido, más que una Ley de Memoria Histórica, sería necesaria una Ley de Promesas Cumplidas, obligando a los diferentes partidos a incluir al menos un par de folios de compromisos -cualitativos y cuantitativos- dentro de sus preciosos programas electorales, con más de 200 páginas repletas de palabras vacías adornadas con retratos sonríentes.

¿Cuándo la palabra en boca de un político tendrá valor, y faltar a ella su debida y estipulada consecuencia? Cuando uno es ya mayor para faltar a su palabra, debe serlo también para aceptar las consecuencias.

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De Zapatero a Rubalcaba, primaria involución democrática

En julio del 2000, el ex-presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero accedía a la Secretaría General del PSOE, tras un 35 congreso federal donde se impuso por sorpresa, y escaso margen (9 votos), a José Bono y otras 2 candidatas (Matilde Fernández y Rosa Díez).

Zapatero inició aquel “cambio tranquilo” tras la debacle de unas elecciones generales, en las cuales el PP obtuvo una amplia mayoría absoluta de la mano de Jose María Aznar. Con ello, los delegados socialistas otorgaban el liderazgo a un militante poco conocido para el gran público, en contra de la inercia y la opinión de los barones regionales del partido. Ganó las elecciones generales en 2004 y 2008.

En abril de 2011, tras confirmar su largamente esperada renuncia a optar a un tercer mandato, el anuncio de primarias se truncó con la renuncia de Carme Chacón, entre lágrimas, a favor de Rubalcaba, para “salvaguardar la unidad  del partido”.

Pocos meses después, la mayor debacle del PSOE en unas elecciones generales, forzaba a re-abrir el proceso de primarias para elegir un nuevo secretario general y, presumiblemente, candidato socialista a la presidencia del gobierno. De nuevo, sólo Rubalcaba y Chacón se postulaban y el primero, de forma ajustada (22 votos), se llevaba el gato al agua. Y hasta aquí el (no tan) breve resumen de historia.

Y a partir de aquí las preguntas y la opinión: ¿Cómo es posible que, basado en la experiencia, la debacle no implique necesariamente la reconstrucción? ¿Cómo es posible que, tras asistir a la aceptación social del movimiento 15-M y otros similares en todo el mundo, unas primarias sigan reducidas al voto secreto de 900 y pico delegados?

En primer lugar, si ante un desastre electoral mayor incluso que el del 2000, un partido no intenta repetir el éxito innegable de un cambio radical de líder/es, significa que la inercia y el status-quo se imponen sobre la heurística. El ego de los individuos ante la sabiduría invisible del colectivo.

En segundo lugar, los principales partidos políticos españoles (PSOE, PP, …) siguen desconectados de la sociedad, porque su propia organización interna se basa en superados esquemas de democracia representativa y repartos de ego y poder. Si no cuenta ni escuchan a su militancia de forma directa, ¿cómo podrían atender a la ciudadanía sino a través de interfaces tamizados por lobbies de opinión y poder?

No todo es ceguera, pero sí es un mal extendido. Dentro del propio PSOE, el movimiento “Bases en Red” exigía el sufragio universal para la elección del secretario general socialista, y el desconocido candidable Antonio Quero afirmaba: “el futuro de la democracia es la democracia participativa y deliberativa, en complemento de la representativa”.

Las primarias del PSOE han supuesto una involución de las primarias y de la democria española. Lo han sido tanto por no atender a éxitos pasados y confíar en los culpables del desastre para diseñar el futuro, como por seguir necesitando interaccionar con unos pocos cientos representando a cientos de miles, o millones.

El sistema está roto. Si los partidos mayoritarios no desean ni son capaces de evolucionar su democracia interna, los nuevos partidos deberán medrar para llevar el progresismo también a los sistemas de elección y representación. Necesitamos sumar la democracia participativa a la democracia española, o seguirá siendo una democracia en minúsculas.

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