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Comentarios sobre “Adiós al crecimiento”

El libro “Adiós al crecimiento”, escrito a 6 manos por Jean Gadrey, Florent Marcellesi y Borja Barragué, plantea una tesis sencilla: El crecimiento económico (del Producto Interior Bruto o PIB) ha sido comunmente aceptado como la solución universal a todos los problemas, pero en realidad es parte del problema, no de la solución.

Concuerdo con la tesis. El crecimiento del PIB ha sido una religión a la que se ha pretendido convertirnos. Ha prevalecido como el indicador más relevante en cualquier noticiario televisivo. Más PIB, mejor, se repite y se da por supuesto. Sin embargo, el PIB no mide el bienestar de una sociedad, es evidente, es un indicador monetario. El tamaño de la tarta puede crecer, y la tarta repartirse de forma desigual, o cocinarse con ingredientes perjudiciales… Más PIB no es mejor ni peor, es más PIB.

Necesitamos nuevos indicadores. Y aquí llega una primera desazón. El indicador estrella de Naciones Unidas, el IDH o Índice de Desarrollo Humano, muestra una altísima correlación con el PIB per cápita por países.  ¿Tesis desmontada nada más empezar?

Todavía no. En salud y educación, a partir de cierto umbral (bajo) de PIB, desaparece la correlación. Según el libro, por encima de 1/3 y 2/3 del PIB per cápita de España, pueden alcanzarse los mismos resultados sin mayor riqueza económica. Es decir, el PIB per cápita influye en el bienestar, pero sólo parcialmente, sólo hasta superar un determinado umbral.

Superada narrativamente esta aparente contradicción, llega la sorpresa, el capítulo “El crecimiento verde, utopía cientificista”. ¿¡Cómo!? Parece que las 6 manos no se pusieran de acuerdo. El capítulo resulta, a mi entender, incoherente con respecto al resto del libro. No soy capaz de encajar las críticas a la economía verde y la “tecnociencia”. Mejor o peor explicado, este capítulo parece un retal encajado sin armonía en un libro ya de por sí complejo de comunicar. Emborrona el mensaje, confunde al lector. La sociedad post-crecimiento se apoya también en la evolución necesaria de la técnica, de la tecnología.

De vuelta al redil, secundo: “ante este panorama de desigualdad estructural, se puede, sin crecimiento económico, mejorar mucho la vida de las familias de bajo poder adquisitivo, mediante la redistribución de los ingresos”. Por supuesto, opino, el problema no es tanto de recursos, sino de reparto. La escasez es en parte una invención para justificar y sostener la creciente desigualdad.

Y avanzamos hacia el concepto de productividad, perjudicado en una sociedad post-crecimiento, ya que según reza: “en los próximos decenios habrá que movilizar mucho trabajo, para producir, sin progresión global de las cantidades (sin crecimiento), bienes y servicios “limpios” y verdes”. Y de nuevo, apoyo la tesis de la necesidad de producir mejor, que no más (unidades). La importancia de lo cualitativo, frente a lo cuantitativo, en términos sociales y ecológicos.

El Planeta es finito, lo sabemos aunque no queramos asumirlo, porque supondría reconocer una culpa y un futuro castigo. Tal y como afirma el libro: “sobredesarrollo en el Norte y subdesarrollo en el Sur son dos caras de la misma moneda. […] es simplemente imposible, ecológicamente hablando, que el Sur pueda seguir y alcanzar algún día un modelo y nivel de desarrollo equivalente al del Norte”. Somos en parte culpables de la situación en el Sur, y  debemos asumir que, el modelo actual, es simplemente insostenible. Debemos cambiar.

Finalizo con la aseveración realizada cada vez por los activistas políticos ecologistas, al referir la crisis. La crisis es triple: financiera, social y ecológica. Y como reza el libro: “El gran cambio de dirección […] implica una economía al servicio de una sociedad sostenible en todos los planos: ecológico, social, financiero y económico, pero también democrático

En resumen, el libro me ha resultado útil, clarificador con respecto a mis propias convicciones, aunque difícil de seguir en ocasiones, como hecho de retales, sacrificando consistencia tal vez por el hecho de haber sido escrito por 3 autores.

El futuro está por construír. Tenemos la convición de que no será, por imposible, como el presente; y la esperanza, por necesaria, de que seamos capaces de encontrar un camino compatible con nuestra sociedad.

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¿Por qué educación y sanidad públicas?

Existe una corriente de opinión ligada al neoliberalismo, personalizado en España en algunos dirigentes del PP como Esperanza Aguirre, que repite el mantra de “lo privado es más eficiente” como motivo fundamental para privatizar total o parcialmente los servicios de educación y sanidad públicos en España, es decir, gestionados por el Estado. Sin embargo, ese mantra no es respaldado por sus defensores con evidencias y/o argumentos, se reduce a una cuestión de fe.

Asumiendo la lógica (perversa) de que las personas somos clientes de los servicios públicos, identifico una variable fundamental a la hora de argumentar que lo público debe ser más asequible: El poder de negociación de los agentes implicados.

La retribución de los profesionales en educación y sanidad es negociado por el Estado (C.C.A.A. en realidad) como intermediario de todas las personas usuarias, nosotras. El Estado, agente comprador o cliente, cuenta con mayor poder de negociación del que tendríamos los ciudadanos por separado, y por tanto necesariamente debe obtener mejores precios.

Así, la retribución de los profesionales en la educación y sanidad españolas, supera el salario medio en multiplicadores razonables (1,5x-3x), suficientes para otorgar una posición social acomodada.

“Manifestación marea verde” by EVaquer

¿Y por qué nos interesa, como sociedad, asegurar un acceso asequible a educación y sanidad?

La educación y la sanidad -capacitación, salud- son los servicios primordiales para garantizar la igualdad de oportunidades, es decir, la posibilidad de que cualquier persona pueda prosperar socialmente, independientemente de su contexto inicial.

Como sociedad, simplificada (de nuevo, de forma perversa) a un grupo de personas asociadas para producir y consumir bienes y servicios, cuanto mayor sea el nivel de capacitación y salud de cada persona asociada, mayor prosperidad total, y menor cantidad de esfuerzo requerida individual. O dicho de otro modo, es más fácil y menos costoso prosperar cuanto más capaces son las personas con las que te asocias.

Como sociedad, nos irá mejor con educación y sanidad públicas:

  • Mayor capacidad de negociación implica reducción del coste y, por tanto, reducción de la barrera de la entrada.
  • A mayor número de personas beneficiarias, mayor capacidad agregada para producir y menor esfuerzo individual.
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